Los humanos somos expertos en crear excusas aparentemente sólidas: no tengo tiempo, no estoy preparado, no tengo recursos, ahora no es el momento… Con ello tratamos de protegernos de cometer un error, y el efecto es que el miedo que inspira las excusas, siempre es una estafa, haciendo que perdamos la batalla interior ante los retos, sin actuar ni decidir.

 

Entonces, ¿de dónde proceden las excusas?. La explicación es que la principal misión de nuestro cerebro es garantizar la supervivencia del organismo y para tal fin elabora pero también deforma la información que recibe de los sentidos. Esto nos conduce a crear una estrategia mental que permite esquivar la realidad, refugiándonos en una inconsciencia más o menos cómoda, o que disfraza lo que preferimos ignorar, consiguiendo autoengañarnos. Se trata de la mentira mas elaborada y mas terrible: engañarnos hasta dar por cierto lo que no es.
Todas las personas  tienen experiencias personales proclives a ser bloqueadas, pues la memoria contiene filtros que seleccionan la información que llega a la conciencia, rellenando estas lagunas mentales con fantasías y explicaciones racionales. A veces la mentira está tan bien armada que ni siquiera  se es consciente de ella.
Recurrimos al autoengaño al evitar asumir las consecuencias de los propios actos, al no querer ver aspectos personales o del entorno que nos resultan desagradables, al fingir u ocultar lo que se siente, o bien al justificarse para salir airoso de ciertas situaciones.
Utilizar el autoengaño en ocasiones nos procura una sensación de alivio, porque no nos vemos responsables. Pero también conlleva un coste importante: lo más seguro es que el individuo no pasará a la acción y si bien no experimentará un fracaso, tampoco conseguirá un éxito y lo que es peor no tendrá una experiencia de aprendizaje.
Por suerte tenemos la posibilidad de cambiar un patrón mental adicto a las excusas, y es desarrollando cinco actitudes: la autodisciplina, persistencia, coraje, coherencia y responsabilidad. Las personas que entrenan estas actitudes, en cualquier área de la vida, relaciones, trabajo, carácter, salud, deporte,…  alcanzan los mayores logros y se convierten en imparables.
La primera es la más poderosa: disciplina significa ser discípulo de una idea que se ama, que se elige libremente.
Pero ¿cómo activar la disciplina ante una excusa? Lo que se necesita para hacerle frente es formularse preguntas certeras, que hagan pensar, que provoquen ese click en nuestra autoestima y que nos induzcan a descubrir la mejor decisión para ponerla en marcha.
Las preguntas son una poderosa herramienta para el cambio personal y la planificación. En coaching las preguntas nos sirven para diseñar nuevas perspectivas, ayudan a crear un modo diferente de ver las situaciones, generando cambios de actitud o de pensamiento.
Concretamente las preguntas que nos ayudan a combatir la excusas son: ¿de donde procede?,  ¿es verdad?, ¿ cómo es mi vida con ella?, ¿cómo seria mi vida sin ella?, ¿qué se esconde tras ella?. Les invito a hacérselas la próxima vez que se digan una excusa y se darán cuenta de la potencia que tienen. Me atrevo a vaticinar que tras reflexionar sobre estas cuestiones descubrirán cuánto se están perdiendo y el alto precio que están pagando al autoengaño.
En muchas ocasiones los excusas se encuentran tras malos hábitos difíciles de eliminar. Para ello lo mejor es adquirir un hábito positivo que acabe invadiendo el negativo conduciéndonos al logro de nuestra metas. Para conseguirlo necesitamos de las cinco actitudes antes mencionadas y realizarlo durante 21 días, que es el tiempo que el cerebro necesita, gracias a su plasticidad, para hacerlo de forma espontánea y natural.