educar la voluntad

El sábado pasado mientras compraba en una conocida tienda de deporte presencié una escena de lo más cotidiano, que me hizo pensar acerca de la necesidad de educar la voluntad. Un niño de unos 10 años lloraba y gritaba a sus padres porque quería un artículo que según su madre no necesitaba y entonces el chaval le increpó: “Tú siempre me has dicho que puedo conseguir todo lo que me proponga”.

Quizá esa madre es seguidora de la psicología positiva, tan de moda en el mundo del coaching, que alienta a soñar, a luchar por lo que anhelamos, pero todo ese camino no está exento de trabajo y de esfuerzo. El mero deseo no es suficiente. Y ese niño aún no lo ha entendido.

No ha entendido que no hay nadie brillante que no tenga detrás de sí muchas horas de entrenamiento. Larry Bird, uno de los grandes jugadores de la NBA, lo resumió del siguiente modo:

“Es curioso, cuanto más entrenamos, más suerte tenemos”.

Hemos pasado de una educación espartana, al menos en mi generación, en la que nos daba vergüenza admitir caprichos o éstos llegaban tras un trabajo mantenido en el tiempo, a vivir en la época de la inmediatez y en la que nos alejamos de todo aquello que huela a esfuerzo. Nos abandonamos al refuerzo a corto plazo y renunciamos al sacrificio que supone el beneficio a largo plazo, ahí están por ejemplo la variedad de pastillas para adelgazar, los cursos para aprender inglés en un mes…

Nos hemos hecho cómodos y nos falta fuerza de voluntad para alcanzar nuestras metas. Es necesario convencernos y convencerles de que tenemos la capacidad y la voluntad para lograr aquello que nos propongamos, sin necesidad de buscar ningún “milagro“. Como padres, debemos ser cuidadosos con estos mensajes engañosos que evitan cualquier esfuerzo y  por el contrario provocar la satisfacción que produce conseguir las cosas por ellos mismos.

Educar a los niños en la voluntad es fundamental para que no confundan la felicidad con el placer ya que son conceptos distintos.
La cultura del esfuerzo conlleva soñar un objetivo, diseñar una estrategia, identificar los recursos que tenemos, crear nuevos hábitos, empleando en ello el tiempo necesario y, por supuesto, asumir la posible frustración.
Ademas les llevará a establecer relación entre el esfuerzo y el éxito, a ser constantes, diligentes, perseverantes, a no abandonar sus metas cuando hay dificultades, a disfrutar del camino y a celebrar los resultados fruto de su trabajo.

La voluntad es la capacidad del ser humano de elegir conscientemente sus conductas para conseguir unos resultados. La voluntad es la parte práctica de la inteligencia.

Es importante educar la voluntad para:

* Conseguir metas difíciles, va a suponer que aprendan a valorar sus logros.

* Aumentar la autoestima, ya que se percibirán autocompetentes, atribuyendo los éxitos a su propia conducta y capacidad.

* Descubrir con entusiasmo la satisfacción que produce ser responsables de sus metas, al conseguir las cosas por sí mismos.

* Tendrán la capacidad de afrontar las dificultades que se les presenten en su vida.

* Ser por lo tanto adultos fuertes, con capacidad para proponerse fines y luchar por lograrlos.

* Saber lo que quieren y no tener miedo en conseguirlo.

En los años 60 en la universidad de Stanford (EEUU) el doctor Mischel realizó un experimento en el que desveló los factores que predecían que una persona pudiera lograr el éxito, tanto académico como emocional y social. A un grupo de niños de 4 años se les sentaba solos en una habitación frente a un apetecible dulce y se les proponía que si eran capaces de esperar 20 minutos sin comerlo cuando volvieran a la habitación les darían otro como recompensa. Uno de cada tres aguantaron el impulso de comerlo y consiguieron la recompensa. Lo interesante de este experimento es que pasados unos años, cuando estos niños estaban en la universidad, o trabajando, descubrieron que aquellos que fueron capaces de esperar eran mas exitosos, tenían mejores calificaciones o mejor empleo, comparados con los que no fueron capaces de esperar la recompensa. Esto se conoce como el Principio del éxito, que dice que las personas que tienen la habilidad para aplazar la gratificación y prefiere una recompensa final más importante frente a una inmediata, son los más propensos a tener éxito.

Y ¿qué es lo que hace que seamos capaces de esforzarnos para tener esa recompensa final, cuál es el componente necesario?, la motivación (del latín motivus que significa causa del movimiento), sin motivación la fuerza se esfuma. Si nos ilusionamos por una idea, con un proyecto y somos capaces de imaginarnos como nos sentiremos al final del camino celebrando la conquista, no importa los momentos de flaqueza, los errores, las caídas porque tememos suficiente combustible para el recorrido y ganar a la pereza y la frustración. Los padres y educadores son los agentes de la motivación.

Estas son las 9 claves para educar la voluntad y motivar su desarrollo.

1. Ser un ejemplo, que vean que te esfuerzas por conseguir tus metas, que eres perseverante y que no te rindes por los contratiempos.

2. Respetar sus gustos, sus tiempos para que tengan la opción de elegir, sirviéndoles de guía, así se responsabilizarán de sus decisiones y tendrán sensación de control.

3. Poner metas que puedan alcanzar ellos solos, para que vean los resultados de su esfuerzo. Por ejemplo trabajos manuales, aprender una pequeña poesía, hacer una ruta en bici…

4. Hablar con él de experiencias vividas y de cómo se siente y de las consecuencias de sus conductas, para que se haga consciente de ello.

5. Establecer rutinas diarias para adquirir buenos hábitos para el control de sí mismo. Lavarse los dientes, recoger sus cosas, tener horario de estudio y actividades.

6. Marcar los tiempos para aprender a esperar recompensas y premios, controlando sus deseos y evitando que estos les controlen a ellos, evitando que sean niños caprichosos.

7. Evitar darle todo hecho. Animarle a que se esfuerce y hacerle saber que confías en que lo conseguirá. Es frente a las dificultades cuando desarrollamos nuestras capacidades.

8. Valora sus esfuerzos no tanto como los resultados, ya que el error es parte del aprendizaje, de esta forma no abandonará en su objetivo.

9. No le presiones, se comprensivo y ten paciencia y confianza en sus capacidades.

De lo que un niño con una gran fuerza de voluntad y motivación es capaz de hacer.

Bailey Matthews un niño de 8 años con parálisis cerebral y problemas de movilidad decide realizar un triatlón con único apoyo que el de su enorme voluntad.