la felicidad existe

Imagínate por unos minutos que pierdes a las personas y las cosas que más quieres en la vida… ¿Te has dado cuenta ya de cuánto lo aprecias? ¿de la suerte que tienes? ¿de cuánto tienes que agradecer? Sí, es una forma drástica pero infalible para darse cuenta de cuán ricos somos.
El dinero ocupa demasiado espacio en nuestra mente, sobre todo lo que supone su carencia, pues al dinero le otorgamos grandes significados: el prestigio, que nos otorga un estatus, un reconocimiento, un lugar en la sociedad; la seguridad de que no nos va a faltar de nada y el éxito personal de haber alcanzado los objetivos propuestos. Pero más allá de cubrir las necesidades básicas de alimentarnos, de tener refugio y abrigo, el dinero es superfluo para nuestra felicidad.
No me tomen por frívola, sé que actualmente, por desgracia, muchas personas tienen motivos reales para sentirse asustadas.

Varios estudios demuestran que el dinero no tiene una correlación con la felicidad, es decir, a más dinero más felicidad.
En EEUU se llevó a cabo un estudio para saber cuál era el sueldo mensual que maximizaba la felicidad, y el resultado fue 5000$. También reveló este estudio que a mayor sueldo menor felicidad, dado que aumentaba los niveles de estrés. ¿Y qué pasaba con los que ganaban la mitad, 2500$? Que su felicidad era al 90% igual que el que ganaba 5000$, y mayor que el que ganaba 7000$.

Eduardo Punset decía que sabemos ya cosas tan evidentes como que el nivel de renta o incluso la salud no son los factores externos que más inciden sobre los niveles de felicidad. Fíjense en Stephen Hawking viviendo con la enfermedad de ELA 50 años, no le ha impedido casarse dos veces, tener tres hijos y ser uno de los científicos mas leídos y reconocidos y declararse un hombre feliz. Son las relaciones personales, amor, sexo y amistad, los factores determinantes, junto con un pensamiento positivo, los que tienen mayor peso sobre la percepción de felicidad.

Sin importar lo difícil que pueda parecer la vida, siempre hay algo que uno puede hacer y tener éxito en ello”. Stephen Hawking.

Somos habilidosos en buscar y encontrar preocupaciones: ¿perderé el trabajo?, ¿podré pagar los estudios de mis hijos?, ¿me aguantará el coche otro año más?… La preocupación nos conduce a una angustia improductiva y paralizante, por si acaso llega a ocurrir algo malo. Otra cosa muy distinta es hacerse cargo de la situación, planificar y prever cómo actuar en caso de que ésta empeore. Esto es ocuparse y es una actitud inteligente; eso es vivir el presente, que es el único lugar donde podemos actuar. La preocupación es desperdiciar el hermoso presente anticipándose a un negro futuro, que además es probable que ni siquiera llegue a ocurrir.

Daño también nos hacemos al pensar que la vida deber ser justa y que nos merecemos las mismas cosas, oportunidades, reconocimientos….que los demás. La vida no es justa, estamos rodeados de injusticias, abusos de poder, las personas buenas sufren cosas malas y las personas malas, cosas buenas, los ricos se libran de la cárcel….No hay un reparto equitativo de dones y desgracias. Es así. La opción más sensata que tenemos es cambiar  “no me lo merezco, no es justo”  que nos aboca a la amargura,  por  “yo preferiría”  trabajando la aceptación de las cosas que nosotros no podemos cambiar. Compárate con quien está peor que tu, expresa gratitud, ama lo que tienes y lo que haces, y actúa para convertirte en la mejor versión de ti mismo. Si la felicidad no viene a ti, ve tu a ella e instálate allí.

Decía San Agustin “Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para diferenciarlo“.

Sirva como ejemplo Matthieu Ricard un talentoso biólogo del Instituto Pasteur de París que a pesar de vivir acomodadamente y estar rodeado de la alta clase intelectual parisina, no era feliz y a los 32 años decide dar un giro radical a su vida. Lo deja todo y se convierte en un monje budista. Años más tarde unos investigadores de la Universidad de Wisconsin estudian su cerebro y le bautizan como el hombre más feliz del planeta. No sólo es increíblemente feliz sino que su esperanza de vida ha aumentado de manera radical.

La felicidad se construye con cosas sencillas: una conversación con un amigo, un paseo con tus hijos disfrutando de los colores de la naturaleza, ver una película o un partido de futbol con amigos, leer un libro, escuchar música, cocinar para unos amigos y tener una velada agradable, ayudar a alguien… Y es gratis!.

Una enfermera que durante muchos años trabajó en cuidados paliativos, les preguntó a los pacientes qué hubieran hecho de manera diferente en su vida y éstos fueron los cinco lamentos más comunes:
Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí.
Ojalá no hubiera trabajado tan duro.
Ojalá hubiera tenido el valor para expresar mis sentimientos.
Me hubiera gustado haber estado mas en contacto con mis amigos.
Me hubiese gustado permitirme a mí mismo ser más feliz.

Cuando llega el fin de nuestros días y echamos la vista atrás para ver qué tal fue nuestro camino lo que vemos no son billetes y cosas materiales sino personas, relaciones y momentos de aprecio, de afecto y de atención.

Como guinda comparto unas citas para la reflexión:
“Hay gente tan sumamente pobre que solamente tiene dinero”. Anónimo.
“Muchas veces compramos el dinero demasiado caro”. William Thackeray.
“La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos”. Platón.