Solo nosotros podemos aportar nuestras propias soluciones.

La mayoría de nosotros nos limitamos a sobrevivir  esclavos de la nómina. Trabajamos. Consumimos. Y muchos vagamos por la vida como hoja al viento, sin saber para qué vivimos.

La sociedad en la que vivimos nos adoctrina para buscar nuestro bienestar fuera de nosotros mismos y confundimos felicidad con el disfrute de placeres, con la satisfacción temporal que nos proporcionan el consumo de bienes  y con los éxitos profesionales.  Con éstos, suplimos la falta de autoestima y autoconfianza, sin conseguir lo que de verdad anhelamos y ello nos conduce a una crisis existencial.

Ante esta situación de insatisfacción y de vacío nos vemos arrastrados a  un proceso de cambio  que nos lleve a desarrollar nuevas formas de relacionarnos con nuestras circunstancias, emociones y pensamientos para eliminar el malestar a corto plazo. O mejor de inmediato.

Este escenario ha sido el mejor caldo de cultivo para que en la última década haya emergido con fuerza  el sector de la autoayuda. Han aflorado “expertos” que tienen soluciones para todo tipo de sufrimiento y se ha consolidado como un negocio muy lucrativo. Popularmente se le considera una pseudociencia, llena de charlatanes que venden humo, sin los estudios que avalen su profesionalidad.

Mas allá de esta mala prensa , este negocio es una contradicción pues la autoayuda, como su propio nombre indica, es ayudarse a si mismo. Cierto que encontramos alivio al ser escuchados, apoyados y comprendidos, y sobre todo al descubrir que no somos bichos raros sino que lo que nos pasa es “normal”;  pero los aprendizajes de los demás no son soluciones para nosotros, pues cada cual tiene sus experiencias y sentimientos y se hace necesario que cada persona recorra su propio camino, un camino de compromiso y entrenamiento que le conduzca al autoconocimiento.

De esta forma adquirimos sabiduría . Y es que sabe mas acerca del perdón quien haya perdonado una vez, que quien ha leído libros o hecho cursos sobre “aprender a perdonar” pero aun no lo ha hecho.

El papel del que ayuda es el que acompaña en el proceso de sufrimiento, al mismo nivel, sin posicionarse por encima del que sufre, como un acto de superioridad y paternalismo, atreviendose a dar consejos y/o recetas sobre la manera en la que los otros deberían actuar en su vida como si de un manual se tratase.

En lugar de ésto, el que acompaña es mas útil provocando conversaciones productivas para descubrir qué necesitamos para ser felices, haciendo preguntas para llegar a reflexiones que nos permitan comprender y crecer,  pues la respuestas se encuentran en nuestro interior.

Bien acompañados, por un coach,  conseguiremos desenmarañar las creencias que nos limitan. Pero debemos estar dispuestos a dar el paso mas difícil: vencer el miedo a conocernos.

“No puedo enseñaros nada, solamente puedo ayudaros a buscar el conocimiento dentro de vosotros mismos, lo cual es mejor que traspasaros mi poca sabiduría” (Sócrates)

Tú eres el autor de tu propio libro de ayuda.