mentiroso

Un 60% de las personas dicen dos o tres mentiras en los primeros diez minutos. Si sé lo que está pensando, usted no es una de esas personas. Usted es sincero, la cuestión es que también nos mentimos a nosotros mismos.

Mentimos prácticamente desde que nacemos. Un bebé llora fingiendo hambre o molestia y cuando se le coge en brazos y se le da atención, no comida ni cuidados, se calma. Los niños de un año ocultan la verdad, a los dos años disimulan para no ser descubiertos, a los 5 años mienten como bellacos, a los 9 son unos maestros del encubrimiento y en la adolescencia mienten a los padres varias veces al día. Eso no significa que tendrán una vida deshonesta. Mentir a cierta edad demuestra desarrollo cognitivo y es posible que tengan mas éxito como adultos. Mentir tiene un valor evolutivo para nuestra especie. Los investigadores saben desde hace tiempo que cuanto más inteligente es una especie, mayor es el neocortex y mayor es la habilidad para engañar.

Los animales también mienten, se hacen los muertos para no ser atacados, aparentan ser mas agresivos, grandes o bellos de lo que son para conseguir comida, pareja, seguridad…

Mentir es una tarea compleja que aumenta la actividad en la corteza prefrontal, la zona del cerebro que dirige las multitareas. Cuando mentimos tenemos que hacer dos cosas: suprimir la respuesta automática de decir la verdad y fabricar la mentira. Al fabricar una mentira el cerebro trabaja duro y necesita sangre, oxigeno y refrigerante. El detector de mentiras, polígrafo, recoge estas respuestas fisiológicas, pistas que no engañan y que se escapan de nuestro control. Este aparato registra las variaciones en nuestro pulso cardiaco, ritmo respiratorio y la conductibilidad de la piel (sudor) durante un interrogatorio. Pero es necesario tomar unos parámetros previos individuales para hacer el registro, pues cada uno tenemos nuestros ritmo, pulso y nivel de sudor. Lo mismo sucede con otras señales, que delatan a un mentiroso, como pausas demasiado largas al hablar, titubeos, parpadeo muy rápido, no sostener la mirada, tocarse la nariz o el pelo, taparse al boca, sobarse la nuca, cruzar los brazos, morderse los labios, fruncir el ceño, tartamudear, risa fingida, y otras más; expresiones que se han de valorar en comparación con el nivel habitual del sujeto. Si uno vacila habitualmente al hablar y no lo sabemos, podemos pensar que miente por un comportamiento que es natural en él.

Hay dos formas de mentir la primera es ocultar, tener una información y no compartirla con la persona que le atañe y la segunda es falsear, dar información falsa como si fuera cierta, en ambos casos el daño es el mismo.

Aunque mentir es un recurso fácil sin tener que pasar por esfuerzos ni merecimientos, requiere tener una gran memoria, pues se puede cometer un error, más bien pronto que tarde y ser descubierto, que es lo que ocurre casi siempre. “La mentira tiene las patas muy cortas” (refranero español).

Mientras que la persona sincera no tiene que vigilar la versión que da de sus anécdotas y los episodios vividos, porque los transcribe al dictado de su memoria, en cambio el mentiroso debe controlar qué versión da de su historia. Pero ser sincero no es decir todo lo que se piensa, podemos herir los sentimientos de alguien y ganar enemigos, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa y o se siente.

Mentimos llevados por la inseguridad y desconfianza en nuestra capacidad de ser aceptados tal como somos, podemos caer en la tentación de adornar aquí y allá nuestra historia y nuestras habilidades de forma que causemos una impresión favorable en las demás personas; o bien para ocultar algo quehemos hecho y de lo que nos avergonzamos; o para manipular a los demás con el fin de conseguir algo. El mentiroso pretende rellenar la brecha entre lo que es y lo que desea ser y desde esa baja autoestima surgen las mentiras; que en definitiva son inútiles porque la verdad siempre se filtra por algún lado.

La mentira fomenta desconfianza, nos hace dudar generando incertidumbre y sospecha en las personas, perjudicando sustancialmente las relaciones amistosas, familiares, de pareja y laborales; a veces perdiendo lo que más queremos.

La confesión proporciona alivio, pero perdonar a un mentiroso y sobre todo volver a confiar en él es una tarea complicada. La confianza lleva mucho tiempo construirse pero se destruye rápidamente. Para ganar la confianza perdida ademas de confesar, debemos ser honestos, asumir errores, mostrar arrepentimiento y reparar el dolor causado. Pero no olvidemos que todos nos veremos ahí, porque nadie es perfecto. Las personas perfectas son mentira.

Aristóteles dijo que “No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad”.

También hay mentiras colectivas, como las noticias de los diarios, las revistas, la radio o la televisión que la mayoría de las veces responden a sucios intereses. Hay mentiras familiares, llamadas románticamente secretos de familia. Y por supuesto hay muchas mentiras políticas, promesas incumplidas y medias verdades que todos hemos podido comprobar después de las elecciones. Lo más grave es que no veo ningún signo de arrepentimiento o de explicación por parte de los políticos.

Nietzsche : “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido , sino que de ahora en adelante no podré cree en ti”.

 

mentiras