Con una lista de propósitos que cumplir en el año nuevo, mi propuesta es practicar el egoísmo bueno, el que nos hace seres completos y felices.
Tacharnos de egoístas es una de las peores etiquetas que nos pueden poner, lo asociamos a mala persona.
La sociedad nos condiciona a creer que el amor hacia nosotros mismos es un acto de egoísmo, vanidad y narcisismo, buscando que sea el amor de los demás lo que nos proporcione satisfacción y felicidad.
Por educación rechazamos todo cuanto huela a egoísmo y cuando hemos querido tener en cuenta nuestras propias necesidades nos hemos visto juzgados negativamente. Nada mas lejos de la realidad. Cuando un hombre o mujer se siente satisfecho, con paz interior, empieza a mirar con amor a los demás. Ningún hombre feliz puede hacer daño a otros. Detrás de todo hombre que llamamos “malo” hay un hombre insatisfecho.
Pero el egoísmo es necesario para sobrevivir. Detrás de toda decisión que tomamos o conducta hay una ganancia, por pequeña que sea y a veces inconsciente, que justifica llevarla a cabo.
Se puede decir que hay dos tipos de egoísmo. Uno es el egoísmo egocéntrico que se orienta solo a saciar nuestro propio interés que nos conduce a actuar sin tener en cuenta la repercusión que nuestras palabras o actos ocasionan sobre los demás, esperando que el mundo gire alrededor nuestro, creando conflicto y sufrimiento cuando no obtenemos lo que queremos, construyendo una personalidad victimista, incapaces de empatizar con las personas con las que interactuamos. El egoísmo egocéntrico se nutre de nuestras carencias, miedos y frustraciones y pone de manifiesto una permanente sensación de insatisfacción.
El otro tipo es el egoísmo bueno, que consiste en respetar las propias necesidades y sentimientos a pesar que los demás no lo hagan. Es conectar con lo que realmente somos, nuestra esencia, vocación, talento, en definitiva, el potencial que todos tenemos para ponerlo al servicio de una vida plena y con sentido. Darnos lo que necesitamos para mantener nuestro equilibrio emocional, sentirnos completos, independientemente de cómo sean las circunstancias externas, porque confiamos en nosotros mismos.
Al vivir desconectados de nuestra esencia, intuimos que nos falta algo para ser felices, de ahí que algunas personas no soporten estar solas, sintiendo un vacio interior doloroso.
El placer y la satisfacción que nos proporciona el éxito, el consumo, el reconocimiento social, es efímero, lo que en verdad necesitamos para ser felices, está dentro de nosotros y lo que debemos hacer es cultivarlo.Reflexionemos: ¿Cuánto tiempo, dinero y energía dedicamos a conocernos, cuidarnos, mimarnos? ¿Cuánto buscamos la paz y el bienestar propio? ¿Cómo nos amamos y reconocemos?
Amarnos  a nosotros mismos es una conquista que requiere del trabajo de escucharnos, aceptarnos, respetarnos, valorarnos y perdonarnos en cada momento y frente cualquier situación.
De esta manera podemos ofrecer a los demás aquello que hemos cultivado en nuestro corazón, sin esperar nada a cambio.
Ya lo dijo Jesus ” Ama al prójimo como a ti mismo“. No dijo ama al prójimo más que a tí mismo.
Si priorizamos las necesidades de los otros, empresa con un objetivo insaciable, el estrés, con todos sus efectos para la salud, se convertirá en el protagonista de nuestra vida.
Si nos comportamos de forma abnegada para satisfacernos con el afecto ajeno, y hacemos del sacrificio  y la entrega el motor de nuestras vidas, lo que estamos transmitiendo es que los demás también han de sacrificarse haciendo de las relaciones algo insano. Pues en muchas ocasiones la persona se siente frustrada por dar más que lo que recibe.
Este comportamiento es síntoma de baja autoestima, nos da miedo enfrentarnos a nuestro proyecto de vida y tenemos así un pretexto perfecto para ocultar nuestras propias ilusiones y miedos.
Por todo ello lo que tenemos que empezar a prácticar es decir NO cuando queramos decir no y dejemos de justificarnos tanto. Mil justificaciones solo demuestran que no estamos convencidos de nuestro legítimo derecho a decir NO.
En este objetivo de prácticar el egoísmo bueno tenemos que estar preparados para luchar contra dos claros saboteadores: la culpa y el miedo al rechazo. Nos harán tambalear, pero cuando logremos amarnos sin sentirnos culpables, el sentimiento que nos inundará será de una fuerza indestructible.
En este video una joven de forma valiente y honesta dice NO a lo que la familia y la sociedad espera de ella para cumplir sus sueños y conectar con lo que le hace feliz.