Inés lleva dos años en paro. Durante este tiempo no ha dejado de formarse y buscar trabajo y también ha hecho voluntariado. Es una mujer inteligente e inquieta. Está casada y tiene dos hijas, su marido es poco más que mileurista, lo justo para que a Inés no le concedan más ayudas. Su economía se resiente. La angustia y la rabia se mezclan con la vergüenza de situaciones injustas que tiene que vivir. Hace poco vio una oferta de empleo que le iba como anillo al dedo. Con toda la ilusión y contando con personas que la aprecian y valoran elaboró una candidatura impecable. Ni la llamaron. Pero Inés tiene la capacidad de sonreir cuando está con sus hijas y sus amigos mientras la impotencia y la pena la destrozan por dentro. Esta historia está inspirada en muchos casos reales.

Ante los golpes que nos da la vida no hay una única forma de reaccionar. Hay personas que se quedan en la queja y se resignaran a cualquier actuación porque no servirá de nada y otras personas que ven la vida como un lugar lleno de oportunidades donde se gana y se pierde. Esta últimas tienen resiliencia.

La resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas. Esta es una capacidad que poseen todos los seres humanos en mayor o menor medida.

Las circunstancias adversas y el dolor son inevitables, el sufrimiento es una elección. Es decir, la autenticidad de las emociones no viene dada por las circunstancias sino por cómo las vivimos.
Lo que provoca sufrimiento no es el suceso, sino los pensamientos que generamos sobre él mismo, porque lo que no está en tu mente no está en tu corazón.
Por lo tanto, como dicen los budistas, si manejamos nuestros pensamientos a nuestro favor tendremos paz. La paz está dentro de nosotros y la infelicidad también.
La meditación es un gran aliado para trabajar los pensamientos.

Para practicar de forma proactiva la resiliencia, lo primero es aceptar lo injusto de la vida, que nos sucedan cosas que no nos merecemos. Despojarnos de la culpa y la queja porque nos dejarán noqueados; por el contrario entrenarnos en  focalizar la atención en lo que esa experiencia nos enseña. Parar a pensar: si viviera esa situación de nuevo ¿qué haría de forma distinta?, ¿qué haría igual? y también ¿qué depende de mi?. Esto ayudará a Inés a desear lo mejor y prepararse para lo peor. Ese deseo hará que se anime y se ponga en marcha,  que afronte mejor la posibilidad de que le cueste conseguir el trabajo que quiere. Se sentirá protagonista de su vida, abandonará el victimismo y actuará en el presente, que es el único lugar donde tenemos capacidad de maniobra.
De nada sirve hoy hurgar en las heridas del pasado ni esperar un futuro idealizado. Lo que hagamos hoy, esa llamada pendiente, pedir perdón, aprender un idioma, hacer esa petición, dejar una relación, …. eso determinará nuestro futuro.

Atrevernos a valorar nuestros recursos, capacidades, fortalezas…, sacar a la luz los casos de éxito, amar lo que somos, no postergar la felicidad hasta que cambie la situación que estamos viviendo.
Actuando así, Inés será un ejemplo para sus hijas potenciando su resiliencia y autoestima.
Vivir los fracasos como un aprendizaje, no como una incapacidad. Thomas A. Edison realizó cientos de intentos, fallidos, para inventar la bombilla,  de cada intento había aprendido otra forma más de no hacerlo, simplemente aún no lo había conseguido.

Las personas resilientes ven los problemas como desafíos o pruebas que deben superar y para ello una de las técnicas que utilizan es ponerse en el lugar de otros, ver el asunto desde otras perspectivas, desde donde se abrirá un espectro de opciones para elegir. Asumen con responsabilidad sus decisiones, se comprometen con su escala de valores y son fieles a sí mismos. Adoptan una actitud positiva, esperando de la vida lo mejor. Pondré un ejemplo: si vamos en una reunión donde no conocemos a nadie y pienso que es una gran oportunidad para entablar relaciones interesantes, haré que eso ocurra, si por el contrario creo que ahí no pinto nada porque no conozco a nadie, no haré nada por que suceda algo interesante. La manera de pensar determina cómo me siento, cuáles son mis emociones y mi manera de hacer las cosas.

Cierto es que la vida a algunas personas les ofrece más oportunidades de ejercitar la resiliencia, que a otras.
Como dijo Viktor Frankl ” el hombre que se levanta es aún más fuerte que el que no ha caído”.