sonrisa

 

Vivimos en en una sociedad que nos exige ser felices y exitosos. Pero no lo somos. Lo confirma el consumo de antidepresivos que se ha triplicado en España en los últimos diez años.

De ahí que la corriente del  pensamiento positivo esté en alza, como solución todopoderosa y mágica para mitigar todos nuestros males, siendo un negocio muy rentable para autores y conferenciantes. Nos ofrecen el decálogo de normas para vivir ajenos a todo o nos venden la pócima que cura la pena.

Los adeptos al pensamiento positivos han llegado a concebir un universo maravilloso en el que los deseos se dan la mano con su realización, vinculando el optimismo a la  felicidad. Esto viene a decir que si tu negocio quiebra o te quedas sin trabajo, será porque no te esforzaste lo suficiente, porque no creías con firmeza en tu propio éxito. Su postulado es que ven la emoción como causa de la conducta en lugar de como consecuencia de ésta. Así, por ejemplo, la autoestima sería la causa de la conducta exitosa, cuando en realidad sería la consecuencia de una historia de conductas exitosas.

La bien intencionada frase “si quieres puedes”, que nos decimos y decimos a otros para dar ánimos y continuar en la lucha, es una de las más dolorosas que podemos escuchar. Implica que si no puedes es porque no quieres. Nada más lejos de la realidad. En ocasiones aceptar que no se puede, no es un fracaso, es un signo de madurez que nos llevará a explorar otras posibilidades.

Es indudable que una actitud positiva es buena, entendiendo por tal mantener un cierto optimismo vital que consiste en confiar en nuestras propias posibilidades y nos empuja a actuar. Pero si empleamos  el pensamiento positivo como único medio para afrontar situaciones adversas, puede enfrentarnos con nuestra impotencia para sentirnos felices y empeorar nuestro estado de ánimo.

Por poner un caso normal, imagínese que tiene 50 años y pierde su empleo (quizá no tenga que imaginarlo), se cuestiona su valía personal  y su autoestima cae en picado. Entonces yo le digo que no se preocupe de ese problema y que se centre en el lado positivo de las cosas,  y todo le irá mejor,  que estando triste no va a conseguir  otro trabajo.

Pues ahora usted, además de  estar lógicamente triste,  encima se sentirá culpable porque no puede dejar de ver los aspectos negativos. Quizá piense que si no es capaz de practicar el pensamiento positivo se le puede imputar la responsabilidad de su desgracia. La tiranía del pensamiento positivo hace que las personas se estén preguntando constantemente por aquello que las hace felices, lo cual crea una ansiedad que sí puede llegar a convertirse en algo patológico.

El Psiquiatra Neel Burton apunta que se califica con demasiada ligereza a aquellos que se encuentran tristes o deprimidos. “Si se encuentran en esa situación, es porque probablemente han intentado ir demasiado lejos o hacer demasiadas cosas. Han puesto el listón muy alto o son ambiciosos, sinceros y valientes”.

No me mal interpreten, no estoy diciendo que nos sumerjamos en el dolor y la tristeza, sino que cuando nos va mal, nos permitamos sentir dolor, miedo o rabia, sin obligarnos a sentir otra cosa que no sentimos, que nos demos tiempo para que el dolor haga su recorrido y nos deje  y solo entonces podremos ver otras puertas abiertas. Los acontecimientos negativos ocurren, censurar el dolor que nos producen solo provoca mas frustración.

 ” La felicidad es buena para el cuerpo, pero es el dolor lo que fortalece nuestras mentes “ Marcel Proust

Esta ideología que santifica la actitud positiva tiene otra lectura en el ámbito económico y social, que resulta perversa. Y es que, puesto que todo lo que nos ocurra es responsabilidad nuestra ya que no somos capaces de atraer lo positivo o porque “cada uno tiene lo que se merece”, esta es la coartada perfecta del que tiene suficiente poder como para imponer sus condiciones y abusar de los demás, bajar salarios, despedir sin motivo, recortar en servicios básicos….Porque según esta corriente, no se trataría entonces de intervenir para cambiar las cosas, sino simplemente de cambiar nuestros pensamientos. Mostrarnos “positivos”.