En esta realidad que vivimos el lenguaje cambia. Palabras como ilusión , entusiasmo y optimismo pierden valor, pues no encajan en el contexto. Estamos invadidos por sentimientos de desesperanza, impotencia y tristeza, y razones no faltan. Pero como dice el refrán mientras hay vida hay esperanza, y por eso, porque estamos vivos,  tenemos la capacidad de sentir, amar y elegir cómo queremos vivir. Entonces podemos optar por quedarnos atrapados en el negativismo y filtrar toda la realidad por ese cristal oscuro, perdiendo la posibilidad de actuar con la justificación del “para qué” o bien despojarnos del pesimismo porque, si lo piensas bien, pesimismo “para qué”.
Sin olvidar que los pensamientos negativos no vienen solos, pues con ellos nuestro organismo se resiente y aparecen jaquecas, estrés, úlceras….Por el contrario las emociones positivas, vienen acompañadas por buenas sensaciones.
Por supuesto que en el devenir de nuestra existencia sentiremos ira, dolor, rabia, culpa y también amor, alegría, compasión, seremos nosotros los que elijamos fomentar lo que consideremos mas efectivo para dicha existencia. En definitiva no somos los responsables de nuestros sentimientos pero si de permanecer en ellos. Recientemente leí algo impactante que recojo aquí:  “se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas”
¿Vas a dejar que un pensamiento malo produzca estos estragos en ti?
Cuando decidimos vivir con ilusión y entusiasmo, crece nuestra creatividad, actividad, influencia, relaciones sociales, también la capacidad de contagiar a los demás de dicho entusiasmo. Precisamente por esto, en condiciones adversas, como el paro, el entusiasmo se convierte en aliado, es como la inyección de energía que necesitamos para ahuyentar el negativismo paralizante.
A estas alturas debemos saber que el cambio es un hecho. Para evitar caer en las redes del victimismo nos conviene anticiparnos, prepararnos, armarnos hasta los dientes de munición (ilusión, entusiasmo, flexibilidad) para abordarlo frontalmente. Los acontecimientos nos dan pistas para saber por dónde van los tiros y se hace necesario, para librar la batalla, elaborar un plan B con una actitud optimista y responsable, valorando alternativas y afrontando retos.
Al enfrentarnos con un plan B a los reveses de la vida, podremos encarar con mucha entereza y cintura los problemas y descubrimos oportunidades que no habrían surgido de no haberse derrumbado el pilar que suponía para nosotros el plan A. Por ejemplo,  una ruptura sentimental nos permite descubrir la pareja ideal, una traición deja al descubierto las verdaderas intenciones de amistades tóxicas, una enfermedad nos obliga a adoptar hábitos mas saludables, un despido laboral nos invita a crear un negocio propio o a cambiar de trabajo….
Pero quiero hacer mención de un caso real, concreto, el de Juan Pedro Gómez, del que seguro habéis oído hablar, pues fue el millonario ganador de Pasapalabra. Este conductor de grúas en paro y aficionado a la lectura, se elaboró su plan B como participante de concursos culturales. Admiro la originalidad de su plan, la confianza en sí mismo, el tesón, la responsabilidad y el entusiasmo que dedicaba a estudiar cada día seis horas durante cuatro años, diccionarios y enciclopedias para lograr su sueño.
Esto nos muestra que la vida que teníamos no es la única posible, que en una vida hay varias vidas.
Pero no olvides que siempre has de contar con un plan B para el próximo cambio que has de experimentar. Nada dura para siempre.
“Si te caes siete veces, levántate ocho” (proverbio chino).
Os recomiendo que escuchéis las divertidas opciones que nos proponen Les Luthiers en esta “Himno al desempleado”.