Algunos estudios realizados como el que Harlow practicó con monos recién nacidos han demostrado la importancia de la necesidad afectiva, contacto y calor.
La falta de estímulos, caricias, palabras, miradas, en la infancia, pueden producir un cuadro de atraso en su desarrollo cognoscitivo, conducir a cuadros psicopatológicos e incluso a la muerte prematura. Y es que las caricias no son importantes sólo en la infancia, sino en cualquier etapa del ser humano. 

Es tal la necesidad de afecto que cuando nos falta sentimos hambre, hambre de contacto y de reconocimiento que se sacia con caricias, miradas, palabras y gestos que signifiquen “yo sé que estas ahí” y se convierten en el alimento que nutre nuestra vida emocional y afectiva.

Cuando una persona no recibe caricias se acostumbra a no darlas, convirtiéndose en una persona “seca”, con dificultades considerables para comunicarse y expresar sus sentimientos y a veces buscan las caricias negativas de reprobación e incluso castigo, ya que ésto es preferible a la ausencias de las mismasEste comportamiento lo observamos a menudo en los niños cuando se portan mal buscando reconocimiento.


Establecer un contacto cercano y cálido con otras personas, depara grandes beneficios tanto para la salud física como mental, además de ser la llave de una comunicación de calidad. La ternura y el tacto ayudan a disminuir el estrés, la ansiedad y el dolor. Bien conocido es el efecto analgésico que tiene el beso de una madre. 

 
A pesar de necesitar sentir proximidad afectiva el contacto genuino no abunda. 
Un contacto de calidad significa que entre las palabras, los gestos, el cuerpo y el tono de voz haya congruencia y reflejen lo que sentimos y pensamos para percibirlos con autenticidad, un contacto que a su vez procure placer tanto al tocar como al ser tocado, al escuchar como al ser escuchado, al mirar como al ser mirado. El beneficio del contacto es para ambas partes. Cuando fluye este calor humano logramos que las resistencias se diluyan y sentirnos más libres.
 
Pero ahora, la historia de amor la tenemos con los teléfonos cada vez más inteligentes, que nos conducen a esperar más de la tecnología que de los humanos. Estamos conectados constantemente, pero aislados

Lo cierto es que en el siglo XXI es casi imposible mantener una conversación bis a bis sin que alguno desconecte para responder a un whatsapp o leer un twitter…! y creíamos que se había acabado con la esclavitud!

Paradójicamente, en la era de la comunicación carecemos de habilidades para establecer relaciones íntimas con el otro. No sabemos pedir perdón, nos escondemos tras un sms o un mail, en lugar de mirar a los ojos a la persona que hemos lastimado, mientras nuestro corazón va a 1000 por hora y apreciamos las emociones que provocamos en el otro con palabras y abrazos.

Lo que nos ocurre es que al entablar contacto nos sentimos vulnerables, nuestra personalidad queda al descubierto, nos influyen los prejuicios sociales especialmente lo que concierne al contacto físico, tememos la burla, la mentira y la manipulación de la información personal que compartimos, y entonces utilizamos la tecnología como barrera de protección. 
 
Por el contrario, una exagerada necesidad de contacto puede estar asociado a un pasado de carencias afectivas o por una dedicación excesiva que provocó que se creciera centrado en las propias necesidades
Estas heridas emocionales pueden sanar con unas relaciones adultas en las que haya un equilibrio afectivo entre dar y recibir contacto humano

Las caricias, gestos, sonrisas, palabras, miradas no solo aportan consuelo, alivio, ternura, atención, afecto sino que tienen la capacidad de transformar a las personas haciendo que se sientan bien.

Según se haya desarrollado la interacción con los otros, así será la imagen que elaboramos de nosotros mismos, por tanto recibir cariño, atención y afecto ayuda a sentir que se es merecedor del interés y del amor de los demás, haciéndonos sentir mejor, aumentando nuestra autoestima. Mas no nos debemos olvidar que el beneficio es bidireccional.
 
“El encuentro entre dos personas es como el contacto entre dos sustancias químicas: si hay alguna reacción,  ambas se transforman” Carl G. Jung